Un tesoro en vasijas de barro

VasijaBarro

“Llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros”.

Así se expresa San Pablo señalando a los Corintios la gracia de Dios que lleva como creyente en su cuerpo y vida humana limitada.  Martín Lasarte, misionero salesiano en África muchos años, publicó hace poco tiempo un artículo en el New York Times, hablando de los sacerdotes y de su testimonio que no es noticia, señalando que la entrega de toda una vida y la labor “callada” de tantos sacerdotes y religiosas que han dado sus vidas “no pasa a ser noticia en los diarios” y señala irónicamente: “Hace más ruido un árbol que cae, que un bosque que crece”.

Tendrás algún amigo o familiar sacerdote; hoy es el dia que se reza por todos ellos. En la cena que Jesús hace con sus discípulos antes del camino de la cruz, instituye el Sacerdocio y reza una hermosa oración por sus discípulos; la Iglesia la ha tomado para pedir en este dia por todos aquellos que han sido llamados por el Señor para ser sacramento del amor de Dios para todo Pueblo. 

El sacerdote es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir a sus hermanos; y como humano tiene sus miserias, pobrezas y fragilidades y las conocemos; pero su grandeza le viene de Dios, porque lleva la Gracia de Dios en su persona y habiendo sido elegido por Él, está llamado a ser servidor de los demás y un ejemplo con su vida para todos, reflejando el amor de Dios.

Hoy ante el Santísimo, en este jueves Santo pide por tu amigo o amigos sacerdotes y ponlos en las manos de Dios en este año de la misericordia.

Mira una oración hecha delante del Santísimo y que expresa los caminos del Señor.

“Tomaste mi corazón de niño con ternura delicada y paternal, me sedujeron tu afecto y tu cariño y me dejé cautivar.
Yo escuché tu llamada gratuita sin saber la complicación que me envolvía, me enrolé en la caravana de tu mano sin pensar ni en las espinas ni en los cardos.
Te fui fiel, aunque a jirones fui dejando en mi camino pedazos de corazón, hoy me encuentro con un cáliz rebosante de jazmines que potencian mis anhelos juveniles y me acercan más a Dios.
En el ocaso de la carrera de mi vida siento el gozo de la inmolación a Tí. Tienes todos los derechos de exigirme, puedes pedir si me ayudas a decir siempre que ¡Sí!
Necesitaste y necesitas de mis manos para bendecir, perdonar y consagrar; quisiste mi corazón para amar a mis hermanos, pediste mis lágrimas y no me ahorré el llorar. Me quisiste cansado para los jóvenes.
Mis audacias yo te di sin cuentagotas, mi tiempo derroché enseñando a orar, gasté mi voz predicando tu palabra y me dolió el corazón de tanto amar.
A nadie negué lo que me dabas para todos. Quise a todos en su camino estimular. Me olvidé de que por dentro yo lloraba, y me consagré de por vida a consolar.
He acompañado a muchos jóvenes y personas en su camino hacia TÍ, Señor, me llenarán de caricias y de flores el regazo, migajas de los deleites de su banquete nupcial.
Pediste que te prestara mis pies y te los ofrecí sin protestar, caminé sudoroso tus caminos, y hasta el océano me atreví a cruzar.
Cada vez que me abrazabas lo sentía porque me sangraba el corazón, eran tus mismas espinas las que me herían y me encendían en tu amor. Me he sentido acompañado siempre por Tí y sobre todo Amado; siempre he experimentado tu amor en mi vida.
Fui sembrando de hostias el camino inmoladas en la cenital consagración: los sacramentos han sido en mi vida y para los demás la eficacia de tu redención.
He sido muy feliz por este camino por el que me has llamado; Jamás me ha pesado haber seguido tu llamada, estoy contento de ser latido en tu Getsemaní; sólo tengo una pena escondida allá en el alma: la duda de si Tú estás contento de mí.
Mi gratitud hoy te canto, ¡Cristo de mi sacerdocio! Mi fidelidad te juro, Jesucristo Redentor. Ayúdame a enriquecer con jardines a tu Iglesia, que florezcan y sonrían aún en medio del dolor.
Sean esos jardines para tu recreo y mi trabajo, multiplica tu presencia por los campos hoy en flor, que lo que comenzó con la pequeñez de un pájaro, se convierta en muchas águilas que roben tu Corazón”.

P. Salvador Murguía sdb

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