El nido

Nido

Narciso es el protagonista de un relato antiguo. Era un joven bellísimo que un día contempló su propia imagen reflejada en un espejo de agua. Se enamoró de ella ignorando que la imagen reflejada era él mismo. Se arrojó al agua y se ahogó…
Ningún relato ilustra mejor cuan engañosa es la felicidad fundada en el culto de sí, pero para mucha gente el alfa y la omega de la búsqueda de la felicidad reside en el propio «yo». Si el problema está en esto, en esto se encuentratambién la respuesta. ¿Se necesita una aportación externa? Sólo para enriquecerse con ella. Es la felicidad posesiva que descarta fríamente todo lo que podría atraer al hombre fuera del propio nido. El que padece esta enfermedad puede sentirse feliz sólo pensando en sí mismo, en sus cosas y en su vida.
Este “cerrarse en su propio nidito” se ha difundido de modo sorprendente en los últimos años. Se tiene la impresión de que todas las fronteras se cierran, que puertas y ventanas están atrancadas, que la calefacción central esté abierta al máximo. El lecho de plumas parece haberse convertido en el santuario de toda la familia.
Y la publicidad colabora a la inflación del yo, como podemos constatar sobre los anuncios publicitarios de nuestras calles, en la TV, en Internet, etc: mi banco ( mis dineros, mi interés, mi porvenir, mi seguridad…), mi felicidad, mi bienestar. “Tú” o “él” o “el otro” casi han desaparecido. Facundo Cabral este cantautor, decía con ironía una frase donde: “Primero Yo”, “después Yo” y si me sobra tiempo… “YO”.
Con esta actitud ante la vida, me pregunto sobre el lugar que ocupan los demás… y sobre todo cuando los demás … esas personas que vemos, son enfermos, son personas sufren alguna situación y viven momentos de verdadera necesidad y nunca nos ponemos a considerar que a lo mejor en algún momento estaremos en esa misma situación, estaremos enfermos, o estaremos sufriendo o al borde de la muerte…
Esa actitud centrada en uno mismo no es Cristiana. El Evangelio habla de un corazón compasivo como el del Buen samaritano, habla del Buen Pastor que sale a buscar al que sufre; y el Papa invita a salir donde están los pobres y los que sufren y hacer a un lado nuestra indiferencia.
Un buen propósito para este año que inicia.

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