Mes: diciembre 2015

El tiempo y los años

Tiempo

El inicio del año nos hace reflexionar acerca del tiempo: ¿Existe? ¿Por qué contamos los años? Vivir es un continuo cambio por diversas edades. ¿Cómo aprovechar estos rituales de Año Nuevo? Aún con la conciencia de los graves problemas sociales que percibimos este año, les deseo un feliz 2016. Les presento mi homilía

EL TIEMPO Y LOS AÑOS
Homilía de Año Nuevo
• Según los filósofos, el tiempo no existe. No hay un superreloj dentro del cual se dé el devenir de la historia. El tiempo es una construcción humana (un “imperativo categórico”, lo llamó Kant). Lo que existe es el movimiento: un cosmos en movimiento continuo, como la vida, en movimiento continuo -desde el nacimiento hasta la muerte-, con el deterioro normal del organismo.
• La conciencia del tiempo que pasa sólo es posible comparando dos movimientos. Por razones utilitarias, fue necesario comparar las actividades laborales con otros signos: Los huicholes, seminómadas, sobreviven por la recolección y la caza, combinadas con la siembra: cuando en el desierto aparecen los primeros peyotes (que ellos flechan), saben que es momento de recolección de la cosecha; entonces cazan un venado, recolectan peyotes y regresan al pueblo para hacer su fiesta. La agricultura depende, empero, de las estaciones del año. Para conocer los tiempos de la siembra y la cosecha, lo mejor es conocer la trayectoria de los astros, en su recorrido alrededor del sol, en base de equinoccios y solsticios. El calendario registra el transcurso del planeta en una vuelta completa alrededor del sol, y el reloj divide el día según los momentos de rotación de una vuelta del Planeta sobre su propio eje. 
• La necesidad de registrar momentos importantes del pasado dio pie a los calendarios. Diversas sociedades tomaron un hecho histórico importante (v.gr., la fundación de Roma). El calendario que se impuso en todo el mundo fue el cristiano -el nacimiento de Jesús-, y este fue el eje de la historia que dividió la cuenta de los años hacia adelanta o hacia atrás.
• Junto a este tiempo “cósmico”, tenemos el ciclo del individuo: cada día, cuando me acicalo ante el espejo, me veo exactamente igual que el día anterior; pero cuando miro la foto de mi pasaporte viejito, noto cuánto he cambiado. Gracias a esto, distinguimos distintas etapas de la vida -niñez, adolescencia, juventud, adultez-, importante para señalar las actividades generacionales. Por eso contamos estos años a partir de nuestro nacimiento.
• El trascurso de un año es una unidad cómoda para organizarnos. Las empresas hacen sus balances (ganancias y pérdidas) y planifican sus presupuestos. Podemos hacer otro tanto en nuestra “empresa” espiritual: contamos como “pérdidas” nuestros pecados, fallas y equivocaciones, no para complacernos en un sentimiento patológico de culpabilidad (simplemente ponemos nuestro arrepentimiento en las manos amorosas de Dios), y contamos como “ganancias”, todo aquello que nos permitió crecer en sabiduría y Gracia. Como “planificación”, nos proponemos unas pocas metas realistas en las diversas áreas de nuestra persona, pues si nosotros no nos proponemos metas, otros nos imponen las suyas. Esto es lo que nos hace crecer. Así podemos planificar a corto, mediano y largo plazo.
• Hay muchas personas que viven al día (jornaleros, limosneros): sólo pueden planificarse a sí mismos en una jornada. Otros trabajadores (como los albañiles), planifican una semana para ellos y su familia. Los maestros planifican el curso para su grupo durante un semestre. Las empresas, algunas familias o comunidades, hacen un presupuesto anual. Los Gobernantes (civiles o religiosos) piensan en su pueblo o Provincia religiosa para un sexenio; los economistas visionarios piensan más ampliamente -¿Qué será de América Latina cuando yo ya haya muerto? ¿Qué será del mundo después que los hijos hayan muerto? Entre nuestra planificación sea más amplia –temporal y espacialmente-, tendremos mayores probabilidades de éxito. Para nuestra vida es conveniente plantearnos el momento de morir, y desde allí, planificar nuestra vida conforme a lo que gustaría realizar.
• Dios es Eterno, está totalmente en otra dimensión que la temporal, en un continuo presente (nosotros no lo podemos imaginar). El Verbo, “por quien todo fue hecho”, es “el que es, el que fue, el que será”. Al final del Tiempo, vendrá de nuevo a juzgar a la humanidad como tal: ¿Qué hicimos en nuestra aventura Planetaria durante el tiempo que Él nos concedió? Por eso, es a partir del fin de los tiempos como podemos ubicar nuestra misión generacional presente.
• Estamos en un momento apocalíptico. Por primera vez, la humanidad tiene la tremenda responsabilidad de alargar o de acelerar el momento final. Esta es la primera generación que sufre ya los efectos climáticos –como dijo Obama- y la primera de la que depende poder evitarlo.
• En la Navidad que hace ocho días celebramos, el Verbo irrumpió en la historia, entró en el tiempo. La eterna divinidad se hizo temporal, al encarnarse en el vientre de una Mujer. Ella es madre de Jesús, y ya que Él es verdadero Dios y verdadero hombre –dijeron los padres conciliares en Éfeso-, podría decirse que de algún modo es “madre de Dios”. No en el sentido de una diosa-madre, por supuesto. Y este es el misterio que hoy celebramos, que tiene que ver con la relación entre tiempo y eternidad.
• El tiempo pasa de prisa (se acelera con los años). El tiempo de vida que Dios nos ha dado es, sobre todo, para aprender a amar. Esperamos con la resurrección de la carne, absorbernos en la eternidad de Dios; pero entre tanto, sigamos construyendo historia, aprendiendo de nuestro pasado, custodiando la esperanza de mejor futuro, con los impulsos necesarios para su transformación. ¡FELIZ AÑO 2016!

P. Enrique Marroquín cmf

Hacer memoria…

HacerMemoria

Hagamos memoria de nuestra propia vida…. En el último dia del año, reflexionar sobre la vida y narrar “agradecidos” lo vivido, nos sensibiliza sobre el sentido profundo de lo que somos y vivimos y nos hace más humildes, para descubrir que somos seres en relación con los demás, hasta de la salud y de la enfermedad, que dependemos de los demás, especialmente de Dios.
Los héroes únicos, individuales y “sabelotodo”, con capacidad de decidir en cualquier momentos y poner a los demás a sus pies, sólo, “solo” existen en la películas y esto nos es la vida ordinaria.

El pueblo Hebreo, señala la Biblia, siempre tuvo conciencia de su pasado y lo gritó y lo cantó con un profundo sentido de gratitud; tan es así que existe una frase con la cual expresa el inicio de su historia, pues todo judío deberá proclamarla, lleno de orgullo, diciendo: ”Mi padre era un arameo errante…” porque ahí empezó la historia para ellos, con Abraham. Y dirán después, “Yo he sido esclavo y el Señor me ha librado y es por eso que ahora vengo y hago fiesta”, narrando la historia por la que han pasado.

Aprender a relatar la propia vida y reconocer lo que ha sido la “mano de Dios” protectora y providente; sólo lo hace un creyente. Cuando “haces memoria”, recuerdas y reflexionas, las maravillas que el Señor ha hecho en tu vida y en la vida de tu familia y de los demás; te nace espontáneo el deseo de hacer fiesta, te surge una amplia sonrisa pero sobre todo una grande satisfacción en el corazón porque sabes bien que el Señor siempre ha estado contigo y con los tuyos y…ha sido fiel.

Hacemos memoria y celebramos “agradecidos” cuando cumplimos un año más de vida, cuando nace un niño, cuando celebramos un aniversario de matrimonio, de profesión, cuando terminamos unos estudios… ¿Porqué no, hacer memoria, celebrar y agradecer a Dios y a los demás el estar juntos cerrando un año e iniciando el año nuevo, llenos de esperanza y de confianza?

P. Salvador Murguía sdb