Confiar

confiar

La fe y la confianza son fundamentales en la vida de todos nosotros, sobre todo si estamos empeñados en caminar, en crecer, en educarnos y en formarnos como personas. Por las circunstancias que te ha tocado vivir, sería bueno preguntarnos en cuántas personas he puesto mi confianza y a cuántas las considero verdaderamente “amigos” en quien confiar mi vida y mis problemas y de quién recibir ayuda; es más, con quién me siento verdaderamente en confianza… Serán pocas; pero nuevamente hay que creer que nuestra vida se vive en una interacción de actitudes que nos pones en situaciones que invitan a confiar en los demás y sentirnos que los demás confían en nosotros porque esto nos hace crecer en el amor y vuelve seguras nuestras personas y nos da seguridad en todo lo que hacemos.
La confianza es tener fe. Y la fe es un regalo de Dios. Es contar con los demás y creer en alguien o algo. Es tener seguridad de que el bien sucederá sin que yo tenga que controlarlo. Igual que uno confía que el sol saldrá por la mañana sin que haya que mover un solo dedo. Confiar en los demás es creer que las personas van a cumplir su palabra sin tener que obligarles.
Confiar en uno mismo es tener fe en tu propia capacidad de aprender, cambiar y crecer. Cuando decimos que la vida no se ha portado bien con nosotros, nos resulta muy difícil confiar. Tener confianza no significa esperar que la vida nos resulte sencilla en todo momento. Más bien es estar seguro de que en todo lo que nos trae la vida siempre hay algo que aprender y que el amor de Dios siempre nos acompaña. Cuando tienes confianza sabes que nunca estás solo.
Confiar en las personas, en los amigos y en ti mismo es una necesidad ordinaria. Como todos los procesos humanos, la confianza tarda mucho en construirse y muy poco en venirse abajo. Cuando prometes algo a alguien, cuando te comprometes o cuando alguien confía en ti, no debes traicionar esa confianza porque si fallas, te costará volver a recuperarla. Confiar en todos es una actitud que algunos llaman insensatez pero no confiar en nadie eso es una enfermedad que raya en la neurosis.
Don Bosco fundamentó su educación en la confianza del educador hacia los muchachos y se empeñó en quererles y demostrarles que les amaba y la respuesta fue que cada uno se llegó a sentir amado y querido por él.

P. Salvador Murguía sdb

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s