Tallando la vida…

Escultor

Nuestra vida siempre cuenta con una maravillosa posibilidad, la de optar libremente y hacer un ofrecimiento aún en medio de lo que nos quita la vida, o las circunstancias o los demás; algo que Yo ofrezco. Lo dice Jesús: Mi vida (…) nadie me la quita, sino que Yo la doy libremente. Así, el destino se convierte en una elección libre, la violencia en amor, la pérdida en fecundidad.
El escultor contemplaba un tronco de madera noble que tenía delante y, entornando los ojos, descubrió en él, como al trasluz, una talla perfecta y luego otra y otra… era un desfile interminable. No eran seres imaginarios, no; eran reales. Estaban allí dentro. Su oficio consistiría en rescatar a aquellas criaturas liberándolas de su prisión de madera. Pero al tomar la gubia se sintió totalmente paralizado. Desde el corazón de aquel tronco, millones de seres levantaban los brazos clamando por su liberación. Salvar a uno era abandonar a muchos, pero no elegir era excluir a todos. Y ¿cómo renunciar a salvar a aquella única criatura que le era posible?… Y sintió un estremecimiento, porque intuyó de pronto que el tronco era su propia vida; las figuras ocultas, los mil posibles modos de vivirla, y que él mismo debía elegir un único destino y tallarlo con sus propias manos.
¡Qué grandeza tan increíble es la libertad humana. Gracias a ella, el hombre no tiene el poder de cambiar cuanto le rodea, pero sí que dispone (y esto es mucho mejor) de la capacidad de otorgarle un sentido a todo lo que vive y hace.

P. Salvador Murgía sdb

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