Con humilde actitud ante la vida

Optimismo

La dinámica de la vida te pone ante situaciones como la que ahora te planteo con un ejemplo tal vez hasta divertido, pero que nos hace caer en la cuenta de la necesidad de vivir en esta vida asumiendo la responsabilidad que nos toca, no delegándola a otros y menos ignorándola y más bien siendo concreto y precisos en nuestras acciones y en el lenguaje.
El Papa siempre ha mencionado que los cambios en la sociedad no se dan si no hay verdaderos cambios en el interior de cada persona; por ahí empieza a cambiar el mundo, cuando cada quien asume una postura responsable ante su persona, cuidando su vida y cuidando la vida, ante la naturaleza, ante los demás y delante de Dios. Analicemos la vida de las personas que han logrado transformaciones para bien de la sociedad. “Personas altamente responsables con actitudes profundamente humildes y para nada soberbias”.

Una historia con 4 personajes llamados: Cadauno, Alguien, Cualquiera, Ninguno.
Había que realizar un trabajo importante y Cadauno estaba seguro de que Alguien lo haría.
Cualquiera pudo haberlo hecho, pero Ninguno lo hizo.
Alguien se disgustó por eso, ya que el trabajo era de Cadauno.
Cadauno pensó que Cualquiera podría hacerlo, pero Ninguno se dio cuenta de que Cadauno no lo haría.
En conclusión, Cadauno culpó a Alguien cuando Ninguno hizo lo que Cualquiera podía haber hecho.

P. Salvador Murguía SDB

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2 comments

  1. ¿De dónde viene esa excesiva estimación de la humildad que hay en esta sociedad en la que contrasta tanto con los países anglosajones que la consideran como una gran debilidad de gentes mediocres? En un país como este, dominado tantos siglos de intolerancia y falta de respeto con el débil, gobernado por la inquisición en el que quemaban en la hoguera al que abría la boca para decir lo que fuera que estuviera en contra del orden establecido. O durante la dictadura anterior a la democracia, en el que lema para medrar y triunfar, era no te muevas mucho que de lo contrario no sales en la foto, o no saques demasiado la cabeza por encima de la multitud que te la cortan en el acto y te creas multitud de enemigos por todos los sitios… Si no eras de la casta, claro está.
    La humildad se utiliza como una estrategia de supervivencia, ser reservado a la fuerza para poder sobrevivir en un mundo de falsedad y mentiras, lleno de ignorantes, estúpidos y envidiosos. Es una mentalidad de no reconocer ni decir nunca cuales son tus bazas, ni tampoco exponer a quien conoces ni cuales son tus contactos, y de esa forma escalar en la pirámide social, a la chita callando, sin que nadie sepa de donde vienes ni adonde vas. Y en consecuencia esta forma de actuar hace que todos bajen la cabeza, y se minusvaloren y se hagan de menos ante los demás, por miedo a morirse de hambre, porque no les den nada si dicen lo que valen o son, ya que en este sistema dependemos de lo que opinen los demás para poder sobrevivir, y es ese prestigio lo que nos puede permitir llegar a conquistar la felicidad al no ser el objetivo de la diana de nadie.
    Aquí el que demuestra lo que vale si es un desgraciado que no tiene nada, le consideran un fantasma que quiere sobresalir y estar por encima de los demás, y se las está dando de algo que no es, fanfarroneando. Por decir que eres un sabio irónicamente, ya no eres humilde jajaja y te etiquetan de presuntuoso.Y así únicamente se valora a aquellos que están en el puro anonimato y que no salen en los medios ni en los periódicos, y detentan grandes fortunas, la mayoría de ellos hereditarias, y en consecuencia se les considera mentes y personas superiores. Sus estrategias son justamente no darse a conocer porque no les hace falta, ya que lo tiene todo de cuna, y no necesitan ser reconocidas ni valoradas para cubrir sus necesidades afectivas y sexuales, y de poder porque ya lo poseen, ni enseñarse públicamente ante desconocidos para que les permitan atraer a una compañía que les ame y evitar estar en la soledad permanente.
    Esa falsa humildad que nos han metido en la sesera desde niños, y que en determinadas circunstancias puede ser nociva para nuestras aspiraciones en la vida y lograr lo que deseamos, nos limita avanzar. Consiste a veces que como nos han educado en que no debemos pregonar nuestros talentos y virtudes, con la convicción de que si somos altaneros y aireamos nuestras cualidades, nos inhabilita a nosotros mismos poder difundir en lo que realmente somos buenos cuando necesitamos realizarlo, incluso podemos convertirnos en apocados y de esa forma no atrevernos a defender nuestras aptitudes, lo que nos coarta de sobremanera para conseguir nuestros objetivos.
    Es como si la humildad fuera exclusivamente patrimonio de ricos, es muy fácil ser humilde así estando forrado hasta las cachas, y no hablar nunca de uno mismo ni de la vida privada. Una actitud de presumir en los pobres, es como si se viera de locos y de personas que quieren ser lo que no les corresponde por no ser discretos, al considerarles arribistas. Si alguien destaca lo tiene que ocultar, porque si no se lo comen vivo por los pies. Por eso nadie se atreve a decir que es el mejor en algo, ya que con seguridad van a por él y le machacan y le desprestigian y luego no le dan trabajo, ni nada. Uno puede decir que es muy bueno pero jamás decirlo en público, y debe expresar siempre que ha sido por suerte, por ayuda de otros, por trabajo continuado o por accidente de la vida.
    Tener la seguridad suficiente para venderse a uno mismo con fuerza y valentía no significa necesariamente ser un canta mañanas arrogante que no es humilde y que quiere presumir haciendo el pedante en todo momento, ni tampoco es exagerar la valía que uno posee. Mostrar lo que uno sabe hacer y pregonarlo sin menospreciar a nadie, además de una obligación, es lo más honesto, sincero y auténtico que existe.
    La humildad es una virtud que es todo lo contrario al idealismo y la fantasía, a la ilusión imaginativa de ser o tener, es vivir en la realidad que es la que nos puede permitir llegar a ver la verdad. Y sobre todo para saber donde uno está y su posición ante la vida. Consiste ser humilde fundamentalmente en tener la conciencia de nuestros impedimentos sociales y nuestras incapacidades físicas y mentales, para afrontar los problemas de forma adecuada, para luego actuar de acuerdo con tales carencias. Como un respeto hacia los demás, es una actitud inteligente ante la vida. La humildad es el conocimiento de nosotros mismos en relación con el mundo que nos roda. Una persona humilde generalmente ha de ser sencilla en su forma de vivir, sin fingir ni aparentar lujos ni boatos, es decir austera, y debe vivir además siempre sin mayores pretensiones que el camino del conocimiento de la verdad, sin contradicciones entre su forma de actuar y sus pensamientos. Tiene que ser alguien que no se crea superior y más que los demás por mucho que sepa y tenga. Por eso la humildad es todo lo contrario que la estupidez.
    La falta de humildad hace que creamos que el dinero, las cosas de lujo que podamos adquirir con él sean las más esenciales de nuestras vida porque nos dan comodidades y nos quitan problemas para no tener que aguantar lo que no queremos, pero en realidad lo que de veras precisamos es tener algo y alguien con quien ilusionarnos, que nos ofrezca pasión y emocionarnos para hacernos vivir la vida más intensamente.
    La persona humilde de verdad, está al acecho siempre de aprender de las experiencias propias y las ajenas, y tiene un comportamiento en el que todas las posibilidades están abiertas para aprender cada vez más. Con la modestia para conseguir que las ganas de expresar lo que se piense se modere para mantener las propias acciones dentro las limitaciones de cada uno. En su entendimiento más extenso, se considera que el camino de la sabiduría es ilimitado y no tiene fin, por lo que nunca se debe de tener la oportunidad de presumir de nada ante los demás, solamente cuando se va a escribir la verdad, aunque los demás lo puedan confundir con la vanidad y la arrogancia. La humildad está basada en la conciencia de nuestra imperfección, de nuestra falibilidad a la hora de cometer errores que nos permitan aprender de ellos, que es la base de nuestras posteriores crecimientos personales y mejoramientos ulteriores. Mientras que el estúpido fuertemente vanidoso pierde su tiempo criticando o intentando impresionar a los demás, el que es humilde sigue su camino sin desviarse independientemente de lo que piensen otros, sin miedo a tener que recurrir a la ayuda o a la orientación de quienes están más avanzados en conocimiento y preparación. Ser humilde es ser valiente para que desde la decisión y el coraje evitar que desaparezcan miedos inducidos por el sistema y por las normas sociales establecidas para enfrentarse con la sociedad si es preciso para que todo cambie para mejor.
    La modestia y humildad excesivas, en este mundo tan competitivo, no son una virtud, sino un terrible defecto. La falta absoluta de humildad y la arrogancia en su peor sentido, es también nefasta. Para ser alguien, primero hay que creérselo de que vales y luego encaminarte con empeño, a conseguir un objetivo. Entre los extremos de humildad excesiva y carencia de toda humildad, hay una gama infinita de actitudes y matices, de grises, nada es negro azabache ni blanco nuclear, que son las actitudes que se deben de tener en función del momento. No se puede ser siempre igual, hay que variar el comportamiento de acuerdo con las eventualidades. Cuando alguien a partir de su enorme talento, de sus capacidades innatas, de sus inteligencias variadas para diferentes cosas, se destaca sobre los demás en la vida social, en su profesión, en los negocios, puede tener un perfil bajo o alto de autoestima y valoración ajena, según su personalidad y dependiendo de las circunstancias. Lo que sí percibo, es que hay una gradación en la percepción que tiene el otro de la persona talentosa que suele ser variable también en función de su estado de ánimo. Lo que piensan otros de nosotros no es siempre lo mismo, a no ser que no hagamos nada para evitarlo.
    Ser humilde es ser consciente de los propios errores y las limitaciones que se tienen, como medio para progresar, porque creérselo es paralizarse a uno mismo, pero eso no significa rebajarse ni minusvalorarse para con ello vanagloriarse de poseer humildad ante los demás porque eso sería un acto de vanidad enmascarada.
    La humildad es aceptar las cosas tal y como están cuando no se pueden cambiar y no dependen de ti, dejando marchar lo que no es para ti porque todo cumple un ciclo que empieza y acaba como las personas, y por último dirigirse a lo que queda por llegar con la mejor disposición de ánimo.
    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©

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