Carta a los jóvenes de Valdocco

valdocco

A los jóvenes del Oratorio de Turín- Valdocco

20 abril 1885

Mis queridos hijos:
He ido a Francia y podéis adivinar para qué. Vosotros deshacéis los panecillos, y si no fuese a buscar cum quipus, el panadero gritaría que ya no hay más harina y que no tiene nada que meter en el horno.
Rossi, el cocinero, se llevaría las manos a la cabeza y gritaría que no sabe qué echar en el puchero. Como el cocinero y el panadero tienen razón y vosotros tenéis más razón que ellos, he tenido que ir a buscar fortuna para que para que nos les falte nada necesario a mis queridos hijos. Es verdad que me cuesta mucho ir por ahí, dar audiencias desde la mañana a la noche, visitar a los bienhechores; algunos días me sentía muy mal por el cansancio o mis enfermedades, pero pensar en vosotros me hacía dulce cualquier fatiga.
Porque yo siempre pienso en el Oratorio; y especialmente por la tarde, cuando puedo tener un poco de descanso, repaso la lista de los superiores y los jóvenes, hablo de ella al que está más cerca de mí, y rezo por ellos continuamente. Y vosotros, ¿pensáis en mí, rezáis por mí? Ya sé que sí, porque me lo ha escrito vuestro Director. Sus cartas, con las noticias que me daba de la Casa, me han agradado mucho.
Al llegar aquí, tengo que haceros una recomendación. Pronto empieza el mes de mayo y querría que lo consagraseis de modo especial a honrar a María SS. Auxiliadora. ¡Si supieseis cuántas gracias ha hecho María SS. estos días a favor de sus buenos hijos del Oratorio!
La Virgen se merece que le deis un signo de vuestro agradecimiento.
¿Cuántas cosas bonitas quisiera contaros si tuviese más tiempo? Os propongo, por tanto, una flor para cumplir con todo el mes y deseo que la cumpláis fielmente.
La flor es ésta. Que cada uno haga un esfuerzo en honor a María para mantener lejos de su alma el pecado mortal, con la fuga de las ocasiones y la frecuencia de los Sacramentos.
¡El año pasado tuvimos el cólera en Italia! Pero en el futuro tendremos tal vez algo peor. Por eso, necesitamos que la Virgen extienda sobre nosotros su manto. Estemos preparados.
Espero estar muy pronto con vosotros y le encargo al Director que ese día nos haga estar a todos alegres en el comedor. Os gusta la alegría ¿no es verdad? También me gusta a mí y deseo y pido que el Señor os conceda a todos vosotros y me conceda a mí la alegría eterna que ha preparado para los que le aman.
Que el Señor os bendiga y creedme siempre

Vuestro afmo. amigo,
Sac. Giovanni Bosco

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